Cada clase, una invención*

“Mi sueño es que todos los jóvenes puedan acceder a la universidad y terminarla, que reciban una educación que les permita soñar y crear un mundo más justo. Mi convicción es que cada clase puede, y debe, hacer que el sueño se convierta en realidad”.

Con esta frase, Mariana Maggio concluye Reinventar la clase en la universidad (2018), un libro que nos invita a pensarnos como docentes universitarios en un modelo transformador que garantice el derecho a la educación en el plano de las prácticas. Para ello, nos propone recorrer escenarios, experiencias y producciones que nos interpelan como docentes universitarios: qué hacemos en nuestras clases, cómo las programamos, cómo las evaluamos. Invita a entender la clase como un diseño de autor y a la invención constante en todos los ámbitos, enriquecida por los nuevos consumos culturales. La autora es Doctora en Educación. Desde hace treinta años se desempeña como docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde dirige la Maestría en Tecnología Educativa.

Ya desde la introducción aparece fuertemente la idea de invención como marca de la clase. ¿Inventar qué? ¿Qué es lo que aparece como inédito? La invención no tendrá siempre el mismo carácter. Algunas de las alternativas presentadas: inventar el conocimiento, inventar la propuesta de enseñanza, inventar la teoría acerca de la propuesta.
En la clase, el docente debe dar cuenta de su propia tarea investigativa en el ámbito disciplinar, por tanto, no solo transmite un contenido sino también el modo en el que este se produce. Así, los alumnos participan de ese modo de producción que algún día pondrán en juego en su trabajo profesional.

Inventar cada vez la propuesta para una clase la convierte en un momento único: esa clase pensada para esos alumnos, con esas características del afuera que la condicionan, en ese tiempo y en ese espacio único e irrepetible.

La autora también revisa la narración tradicional de la clase en contraposición a los modelos narrativos actuales, que encuentran su mayor exponente en las series como una experiencia de inmersión en una historia. Estos relatos generan un impacto emocional, invitan al espectador a habitarlos, pensarlos, buscar un nivel de profundidad mayor, quedarse pensando en lo que seguirá y en las pistas que quedan de los capítulos anteriores que ayudan a predecir y comprender lo que vendrá. ¿Por qué la clase no puede generar esta vivencia? Habitualmente la clase sigue un formato didáctico tradicional, una configuración didáctica de “secuencia progresiva lineal” (Litwin 1997). A través del análisis de algunas series muy conocidas (Lost, Twin Peaks, Prision Break, Mad Men, House of cards, entre otras), Maggio nos convoca a pensar la organización de la clase de un modo distinto: el de las “formas alteradas”.

¿Cómo hacer que esto sea posible? Siempre escuchamos que las condiciones no son las necesarias, que la transformación no es posible desde las actuales condiciones laborales: salario, infraestructura, acceso a recursos y materiales. Estas son reivindicaciones que exceden el espacio de la clase y que hay que asumir también desde la participación docente en los claustros, práctica que la autora no abandona. En el aula, en cambio, el rediseño de las prácticas de enseñanza nos permite generar sutiles o intensas modificaciones que evidencian que algunas prácticas están más asociadas a usos y costumbres que a limitaciones de orden estructural. En relación con estas prácticas enraizadas, la autora nos invita a revisar algunas condiciones que tomamos como básicas a la hora de dar clase.

* Reseñado por Laura Castiñeira. Licenciada en Ciencias de la Educación. Docente de la asignatura Formación docente en entornos virtuales e integrante del Equipo de Formación Docente dependiente de Secretaría Académica (UNAHUR).