Ciencia, tecnología y modelo de desarrollo

“Hace falta desarrollo industrial para dar trabajo a 45 millones de personas”, sostiene Jorge Aliaga, doctor en Física y secretario de Planeamiento y Evaluación Institucional de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR). Aliaga también fue decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires entre 2006 y 2014.

¿Qué lugar tiene la ciencia y la tecnología en un proyecto país?

Desde la Edad Media en adelante, el desarrollo de las sociedades ha tenido mucho que ver con la ciencia y la tecnología y con el rol que cada sociedad les da en su modelo de desarrollo. En la medida en que un Estado apueste a exportar materias primas sin elaborar, va a haber menos demanda de ciencia y tecnología por parte de ese país. En la medida en que un país apueste más a desarrollar su industria y a elaborar sus productos, va a ser más necesario tener ciencia y tecnología de primer nivel. El rol que termina teniendo la ciencia y la tecnología, entonces, depende fuertemente del modelo de desarrollo de cada país.

Históricamente, en la Argentina ha habido una tensión entre dos modelos de desarrollo. Esto ha pasado también en otros países. De hecho, durante la guerra civil de EE.UU. hubo, en el fondo, una pelea de modelos de desarrollo. De alguna manera, nuestro país tiene recursos primarios para exportar y eso hace que haya una cierta tendencia a creer que podemos vivir de exportar materia prima. Sin embargo, eso no es completamente así. En particular, porque la población argentina ha crecido lo suficiente como para que eso no alcance.

“Históricamente, en la Argentina ha habido una tensión entre dos modelos de desarrollo”.

¿Cuál es el estado actual de la ciencia y la tecnología en la Argentina?

En cada país, el rol que tiene el Estado en el desarrollo de la ciencia y la tecnología tiene mucho que ver con el grado de desarrollo que tenga ese país. Se escucha mucho últimamente que en ciertos países hay muchísima inversión en ciencia y tecnología de parte de los privados. Cuando un país ya llegó a ser desarrollado, efectivamente el rol en la inversión en ciencia y tecnología lo toman los privados. Pero cuando un país quiere desarrollarse, ese rol lo tiene que tener el Estado. Esto es lo que de alguna manera ocurre en la Argentina, donde el 75% de la inversión en ciencia y tecnología la hace el Estado. Sin embargo, en estos últimos tres años el porcentaje de inversión en relación con el producto bruto interno ha bajado. Había llegado a un máximo entre los años 2013-2015 y ahora empezó a caer: un poco en 2016 y 2017, y fuertemente en 2018.

¿Qué perspectivas existen para el desarrollo científico-tecnológico?

Lo que uno pierde cuando un país deja de invertir en ciencia y tecnología depende de varios factores. Por ejemplo, la Argentina construyó los ARSAT I y II, que, si bien no eran de última tecnología, eran satélites competitivos que funcionaban razonablemente bien. Los ARSAT habían permitido que la Argentina no tuviera que comprar ni alquilar un satélite a un país extranjero. También le permitió vender servicios de comunicaciones tanto al propio país como a la región. Esto fue discontinuado por el actual gobierno. En 2019, tendría que haberse puesto en órbita el tercer satélite –el ARSAT III– y ni siquiera se empezó a construir. El día que se quiera volver a hacer otro satélite va a haber que demorar tres o cuatro años (si se quiere hacer uno igual a los otros, que no eran de última tecnología). Si se quiere empezar de nuevo, se puede tardar mucho más. Cuando se para algo que se estaba desarrollando, se pierde lo que se había ganado y el país se atrasa en materia tecnológica.

“Cuando se para algo que estaba en desarrollo, el país se atrasa en materia tecnológica”.

¿Qué sucede con las personas que desarrollaban tareas en esos ámbitos?

Claramente, hay una pérdida en la inserción de recursos humanos. Si el proceso de desinversión dura uno o dos años, los jóvenes que fueron a hacer una estadía al exterior pueden regresar en pocos años (cuando encuentran nuevas oportunidades o incentivos en su país). Ahora, si esta situación se prolonga por mucho tiempo, los jóvenes que se fueron forman sus familias en el exterior y ya es difícil que retornen. Se produciría una pérdida irreversible.

¿La UNAHUR puede hacer un aporte al desarrollo científico-tecnológico?

El aporte que pueden hacer las universidades no es el mismo en ningún lugar del mundo. EE.UU. tiene miles de universidades y, sin embrago, siempre se mencionan las mismas diez o doce. Hay muchas universidades en todo el mundo que se dedican a formar profesionales, a dar enseñanza de buena calidad, y no a mucho más que eso. Es decir, hay roles distintos en las universidades de todo el mundo, y eso no está mal en sí mismo. Obviamente, cada Universidad decide cuál es el rol que quiere ocupar.

La UNAHUR está empezando su cuarto año de funcionamiento y no se puede esperar que, aunque se lo proponga, haya desarrollado plenamente el trabajo en investigación y tecnología. En cuatro años eso es imposible para cualquier institución. En el caso de la UNAHUR, podemos hablar esencialmente de cuál es la orientación que se le ha querido dar –más que de cuál es el lugar donde se ha llegado–, porque el camino todavía es incipiente. Tratamos de construir una Universidad que no solamente tenga educación de calidad, sino también investigación buena y pertinente. Por un tema de escala, la UNAHUR no pretende ser la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Córdoba o la Universidad Nacional de La Plata. Pero sí se tiene que aspirar a una investigación correcta y pertinente, que además tenga vinculación con las necesidades regionales y, en particular, con las necesidades del área del conurbano donde está inserta la UNAHUR.

“La UNAHUR ha intentado incorporar investigadores del Conicet, pero manteniendo un liderazgo en la determinación de las políticas de ciencia y tecnología”.

La UNAHUR ya tiene sus dos primeros investigadores del Conicet. ¿Cómo se desarrolló ese proceso?

Hay universidades que se han creado hace décadas y no tienen investigadores del Conicet; otras que sí tienen muchos pero que, de alguna manera, delegan voluntariamente la gestión de la ciencia y la tecnología en el Conicet. Creo que la UNAHUR ha intentado (tal como hicieron otras universidades) incorporar investigadores del Conicet, pero manteniendo un liderazgo en la determinación de las políticas de ciencia y tecnología. La Secretaría de Investigación trata de fijar líneas y objetivos de investigación y de incorporar investigadores de la máxima calidad posible dentro de esas líneas. A pesar de que estamos cerca de la Ciudad de Buenos Aires, no es fácil atraer a los jóvenes, porque hay otras universidades más consolidadas. Hay que ofrecerles ciertas condiciones: algún laboratorio para la investigación experimental o al menos una oficina donde se pueda trabajar razonablemente, acceso a bibliotecas, financiamiento de viajes para participar de congresos, etc. La Universidad está impulsando todo eso, y creo que va a avanzar razonablemente en consolidar un proyecto de investigación.

@AAUNAHUR