Cueste lo que cueste

Ante la agudización de la crisis económica y el deterioro del presupuesto universitario, tres estudiantes de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) analizan el nuevo escenario. Son las primeras de sus familias en acceder a estudios superiores y están decididas a defender esa conquista.

“Desde principio de año vemos que muchos estudiantes abandonan las carreras porque tienen que salir a trabajar. La crisis que hay en el país repercute en el acceso a la educación”, señala Brenda Marcilio (33), estudiante del Profesorado Universitario de Letras y presidenta del Centro de Estudiantes. Madre de dos niñas de 5 y 11 años, llegó a pensar que nunca podría cursar estudios superiores: “Cuando se abrió la Universidad acá en Hurlingham, me animé y creo que fue la mejor decisión que pude tomar”. El padre de Marcilio trabajó más de 40 años en la fábrica de Peugeot; su madre está jubilada como ama de casa. Ambas hijas de la estudiante realizan actividades de extensión en la UNAHUR: la menor practica arco y flecha; la mayor, toca el violín en la orquesta. “La Universidad –dice– modificó la dinámica de la familia y generó otro espacio que nos cambió la vida”.

Ailén Primerano (23), compañera de carrera de Marcilio y consejera superior estudiantil, narra sus peripecias para acceder a la beca Progresar y dice conocer muchos casos similares: “Me pusieron la sucursal de cobro en Monte Grande y vivo en Villa Tesei. Tuve que ir varias veces hasta allá, pero no me dejaban retirar la tarjeta de débito hasta que no hicieran el primer depósito de la beca. Empecé el trámite en abril y recién en septiembre comencé a cobrar”. Pese a las dificultades, Primerano siempre busca alternativas: “Me enfoco mucho en el estudio e intento aprobar la mayor cantidad de materias posibles por cuatrimestre. Pero eso hace que me quede poco tiempo para trabajar y se me complique sostener económicamente mis estudios. Como no puedo comprarme todos los apuntes que necesito, lo que hago muchas veces es leer desde algún dispositivo digital”.

La secretaria de Educación del Centro de Estudiantes se llama Denise Arrieta (20) y cursa el Profesorado Universitario en Educación Física. La estudiante cobra hace tres años la beca Progresar, pero advierte sobre los cambios que se produjeron en la forma en que es asignada: “Se volvió muy meritocrática. Los estudiantes tienen que aprobar más del 50% de las materias que establece el plan de estudios y se paga un plus a los que tienen más de ocho de promedio. Además, pasamos de cobrar la beca durante doce meses a hacerlo durante solamente diez”. Arrieta se vio directamente afectada por la crisis económica cuando quebró el comercio de barrio en el que trabajaba. “Este fue el primer año que no pude comprarme una fotocopia en toda la cursada”, cuenta.

Marcilio retoma los reclamos de su compañera por las condiciones que se exigen para el otorgamiento de las becas Progresar. “La beca –explica– es de $1.600 por mes y quedó muy por debajo de la inflación. Además, antes podía cobrarse hasta los 35 años y ahora solo pueden acceder los menores de 30”. Quienes asisten a las nuevas universidades del Conurbano se ven doblemente perjudicados por estos cambios. Por un lado, estas instituciones reciben estudiantes de mayor promedio de edad y, por el otro, dado que un gran porcentaje de ellos trabaja y tiene niños a cargo, es muy difícil que puedan aprobar las materias necesarias para acceder a la beca.

“El boleto educativo –considera Primerano– también está muy mal regulado. Cuando llega la fecha de cobro, hay que acercarse a la terminal de una estación de tren para que se acredite el saldo en la tarjeta. Sin embargo, los cobros siempre están retrasados y a veces no se acreditan”. También advierte que el monto de la beca para el transporte se fijó a principios de 2018 y no se ajustó de acuerdo con el aumento de los pasajes. La sumatoria de obstáculos colocan a muchas personas en situaciones muy delicadas: “Hace poco, una compañera publicó en Facebook que iba a vender sus zapatillas para comprar apuntes. Mediamos con la Secretaría de Bienestar Estudiantil y Servicios a la Comunidad y finalmente le asignaron una beca de apuntes”. Arrieta añade que el boleto educativo tampoco considera a quienes deben tomarse más de un transporte para llegar al lugar de estudio.

Desde el Centro de Estudiantes de la UNAHUR, aseguran las tres estudiantes, se pone mucha atención a las distintas problemáticas que pueden surgirles a compañeras y compañeros. Los trámites online para el cobro de becas, por ejemplo, suelen ser más difíciles de lo que se piensa. Por eso, relata Marcilio, “hicimos jornadas para ayudar con la inscripción al boleto educativo y a las becas Progresar”. El Centro de Estudiantes, además, acompañó varias de las luchas y marchas educativas que se desarrollaron durante este año y juntó firmas para presentar una Ley Nacional de Becas en la Cámara de Diputados. “Creo que si continúa este gobierno, va a ser difícil tener esa Ley. Pero hay que dar la discusión para que se sepa que la educación es la oportunidad que tenemos todos para mejorar nuestra calidad de vida”, argumenta Marcilio.

@AAUNAHUR