Fuera de presupuesto

En momentos de debate sobre el presupuesto universitario, las necesidades particulares de las instituciones de creación reciente suelen quedar en los márgenes de la problemática general. Walter Wallach, secretario académico de la UNAHUR, reflexiona junto a Aula Abierta sobre lo que parece estar fuera de presupuesto.

Las nuevas universidades del Conurbano no pasaron desapercibidas. Para las localidades en las que se instalaron, significaron una evidente ampliación de la matrícula universitaria. Estas instituciones pusieron a los estudios superiores en el horizonte de muchísimas personas, pero también, a través de las actividades de extensión, establecieron canales de comunicación con aquellas vecinas y vecinos que quizá no consideran cursar una carrera.

Parece indiscutible: las nuevas universidades del Conurbano tampoco pasaron desapercibidas en el debate expresado en los medios de comunicación. En varias ocasiones, estas instituciones fueron puestas bajo sospecha. Se puso en duda su “calidad”, se cuestionó una supuesta baja tasa de graduados en los plazos que establecen los planes de estudio y, por último, se consideró que representaban un gasto innecesario (dicen que todos sabemos que quien nació en condiciones de pobreza no puede acceder a la Universidad).

La Ley de Presupuesto Nacional para el 2019 volvió a poner sobre el tapete la discusión en torno al financiamiento educativo. Las universidades, únicas instituciones educativas financiadas enteramente por el Estado nacional, ocupan un lugar muy sensible en este debate. Un trabajo minucioso sobre este asunto fue realizado por los observatorios y equipos de Investigación de UNIPE, FFYL-UBA, CCC, UNDAV, UNQUI, UNGS y Aula Abierta, pero puede sumarse una mirada que particularice la necesidad presupuestaria de las universidades de creación reciente. Esta mirada se hará desde la UNAHUR, aunque puede extenderse a otras realidades semejantes.

Se estima que más del 90% de los estudiantes de la UNAHUR son primera generación de universitarios.

La UNAHUR, en su tercer año de funcionamiento, tiene una matrícula de 6.800 estudiantes. El 69% son mujeres. El promedio de edad de los aspirantes es de casi 28 años. Entre quienes se inscribieron al inicio de 2016, el 56% eran madres o padres. Aunque en la última inscripción ese porcentaje se contrajo al 31%, puede estimarse que al menos 3 de cada 10 estudiantes tiene hijos/as. El 58% de los estudiantes trabaja; otro 27% busca trabajo. Habría que sumar, claro está, el trabajo no remunerado en el hogar y en el cuidado de niños y niñas que sigue recayendo, mayoritariamente, en las mujeres. No es raro, entonces, encontrar estudiantes que trabajan en sus casas y fuera de ellas y, por un milagro de la administración del tiempo, también estudian una carrera universitaria. Además, se estima que más del 90% de los estudiantes de la UNAHUR son primera generación de universitarios. Este dato, coincidente con los expresados por las autoridades de muchas otras instituciones del Conurbano, parece poner en cuestión aquellos argumentos que señalan la dificultad de incorporar nuevos sectores sociales a los estudios superiores.

Walter Wallach, secretario académico de la UNAHUR, no coincide con quienes deslegitiman el trabajo de universidades de creación reciente debido a que sus estudiantes cursan un mayor promedio de tiempo para obtener sus titulaciones. “La única manera en que se puede exigir terminalidad en el tiempo teórico en que están pensadas las carreras sería otorgar una beca que no fuera una ayuda para, sino un primer ingreso”, opina. Y agrega: “No podemos pedirles los mismos años de estudio a una persona que solo estudia que a otra que estudia, trabaja y tiene niños a cargo”. Para defender su postura, Wallach cuenta horas: “El piso que pide la Ley para una licenciatura es de 2.600 horas. Eso da 520 horas por año, 260 horas por cuatrimestre, 15 horas por semana, 4 horas por día”. A estas 4 horas diarias, habría que sumarle el tiempo de estudio y de realización de trabajos prácticos. Es evidente que quien trabaja y cría hijos necesita cursar un menor número de materias por cuatrimestre.

Una manera de mejorar las tasas de graduación, en cambio, tiene que ver con la construcción de proyectos institucionales que sostengan instancias de soporte y acompañamiento de los estudiantes. “Una institución puede desentenderse del desgranamiento y considerarlo un problema individual de cada estudiante, pero nosotros lo asumimos como nuestra responsabilidad. Esto, necesariamente, implica recursos”, asegura Wallach. Este seguimiento de las trayectorias educativas, como sostiene el rector Jaime Perczyk, ayuda a construir un nuevo tipo de cercanía con el estudiantado.

Entre quienes son partidarios de que el Estado destine menos recursos a la Universidad pública, a veces se cuelan las propuestas de arancelamiento. Se sostiene que no es justo que quienes menos tienen paguen los estudios de los que más tienen. Por varias razones, Wallach no comparte este razonamiento. En primer lugar, opina, “un sistema impositivo progresivo no generaría condiciones para que los que menos tienen les paguen la Universidad a los que más tienen”. Y añade: “además, la Universidad produce un beneficio para el desarrollo del conjunto de la sociedad y no solo para quien se gradúa”.

Wallach: “Una institución puede desentenderse del desgranamiento y considerarlo un problema individual de cada estudiante, pero nosotros lo asumimos como nuestra responsabilidad. Esto, necesariamente, implica recursos”.

Cuando se discute el presupuesto universitario, suele pasarse por el alto que no todas las instituciones parten del mismo lugar. “La infraestructura de las universidades tradicionales –reflexiona Wallach–  no está puesta en discusión. Todo lo contrario, son vistas como logros de una sociedad. Si la sociedad considera valioso que haya una Universidad en Hurlingham, esa institución tiene que acortar la brecha con universidades centenarias y eso tiene un costo”. La UNAHUR, por ejemplo, necesita alrededor de veinte aulas nuevas durante cada uno de los próximos cinco años para poder absorber la expansión de su matrícula. Si bien se espera que para el 2019 puedan ponerse en funcionamiento unas 28 nuevas aulas, tal como están hoy las cosas, para el 2020 no está prevista la posibilidad de incorporar otras y habría que volver a alquilar espacios.

Además, el profundo proceso devaluatorio de 2018 sumó dificultades para la adquisición de muchos de los insumos necesarios para los Institutos de Tecnología e Ingeniería y de Biotecnología de la UNAHUR. “Muchos de esos insumos –explica el secretario académico– están en dólares y se encarecieron muchísimo, pero también una gran cantidad de licitaciones o procesos de compra se cayeron porque no había precios”. Es decir, los recursos correspondientes a las partidas presupuestarias de 2018 no se recompusieron y tampoco serán recuperados en 2019. Resultado, menos insumos para algunas carreras estratégicas para el desarrollo nacional.

Para Wallach, “la enorme mayoría de los estudiantes de la UNAHUR no tenía en su horizonte realizar estudios superiores”. Es por eso que cada nueva universidad amplía la matrícula y no hace descender el número de estudiantes en casas de estudio históricas. Pese a este dato, la UNAHUR está expandiendo su zona de influencia, lo que indicaría que hay muchos estudiantes que no eligen la institución solo porque está cerca. En la primera inscripción del 2016, casi el 73% de los aspirantes residía en Hurlingham; en la última, en cambio, ese porcentaje descendió al 40%. “Hay cada vez más estudiantes que eligen venir a la Universidad en función de las carreras y del proyecto”, se entusiasma el secretario académico.

La ampliación del área de influencia de la UNAHUR, considera Wallach, también tiene que ver con la mayor facilidad que tienen los sectores medios para apropiarse de los instrumentos que en un primer momento eran para las cercanías. “Hay un momento en que el proceso histórico lleva a la necesidad de que en un futuro exista la Universidad de William Morris. La justicia social tiene que ver con ir cada vez un poco más hacia los bordes”, concluye. Para eso, sin duda, el presupuesto universitario debería crecer considerablemente.

@AAUNAHUR