Igualdad y transmisión en tiempo de pandemia[1]

En el siguiente artículo, nos planteamos algunas preguntas con respecto a cómo las y los docentes repensamos nuestras prácticas en esta situación de pandemia que nos toca atravesar. ¿Qué transmitimos? ¿Qué decisiones tomamos a la hora de transmitir?

Proponemos pensar en el qué sin dejar de lado los cómo que acompañan nuestras prácticas, que son siempre situadas. Nos basamos en las diferentes experiencias que transitan docentes de contextos y niveles educativos diversos. En todas ellas hay un denominador común: la necesidad de tomarse el tiempo necesario para entender la responsabilidad de garantizar plenamente el derecho a la educación, entendiendo la igualdad como un punto de partida y no de llegada. ¿Cómo hacemos entonces para que esto ocurra? ¿Cómo lo garantizamos en medio de una desigualdad que se evidencia aún más en tiempo de pandemia?

Transmisión

La escuela transmite sentidos, y transmitir implica un permanente diálogo entre conservar y transformar (o al menos aspiramos a que así sea). Por un lado, conservamos aquella cultura, aquel conocimiento, aquellas historias a las que damos un valor y queremos que permanezcan y estén presentes en los niños, niñas y jóvenes. Por otro lado, la educación es un espacio de transformación, de resignificación, de confianza en que ese Otro construirá sus propias experiencias. Es sumamente importante buscar el equilibrio entre estas tensiones y conectarlas, ya que la conservación nos sitúa, nos da identidad, nos sirve como base para conocernos y, de este modo, repensarnos. La transformación nos marca un horizonte lleno de posibilidades. Por supuesto que esto es una gran paradoja y un gran desafío al que se enfrenta la escuela. En este sentido, Natalia Fattore y Paula Caldo (2011: 11) caracterizan a la educación como “…tradición, anticipación, proyecto, prescripción, planificación, fabricación que pareciera depender de nuestro saber, de nuestro poder, de nuestra voluntad. Al mismo tiempo, y por suerte, es discontinuidad, es porvenir; porvenir entendido como figura del acontecimiento, de la irrupción de lo no esperado, de lo no previsto…”.

Fattore y Caldo también mencionan la importancia del “lazo” para articular con la comunidad de una manera más abierta a partir de los legados que heredamos, sean los que sean. En medio de esta nueva situación que atravesamos hay que revalorizar este lazo. Estamos haciendo escuela; una escuela distinta, sin presencialidad pero no por ello sin vínculo. Por lo tanto, es de suma importancia pensar maneras de encontrarnos; maneras de sostener no solo a nuestros y nuestras estudiantes sino también a sus familias, porque ellas son las encargadas de acompañar las trayectorias de sus hijos e hijas; son los adultos que están haciendo de puente con las y los docentes y con la escuela. Esto requiere buscar estrategias, dispositivos y sostenes para que las familias puedan ocupar ese rol de la mejor manera posible.

Silvia Bleichmar (2008) propone rescatar las tareas cumplidas por las familias y ayudarlas a ejercerlas. Junto con ellas, desempañamos el rol de protección y cuidado de los derechos de los niños y niñas. No debemos solo enviar actividades sino también pensar si estas pueden ser realizadas con el apoyo familiar y, de no ser así, buscar la manera de que puedan concretarse. Eso es inclusión.

Igualdad

Se requiere entender la igualdad como punto de partida. Jacques Rancière (2007) nos invita a verificar la igualdad en cada acto, en cada práctica. Si consideramos todas las posibilidades, todos los contextos, todas las realidades que viven nuestros alumnos y alumnas podemos, a partir de allí, brindar los apoyos necesarios para que cada familia pueda acompañar los aprendizajes. Es una decisión política asumir este lugar de educadores y dar respuestas basadas en estas concepciones y a las distintas necesidades. No podemos quedarnos solo con el discurso de la desigualdad; debemos actuar frente a ella.

Inés Dussel (2003: 218) expresa que “Rancière nos ayuda a pensar en nuestros alumnos como iguales, iguales no porque están inmersos en la misma situación desesperada y sin ley que nos horizontaliza, sino porque tienen un lugar de pares en la sociedad más justa que queremos. Nos hace plantear que hay lugar para ellos en este mundo; no por un acto caritativo, sino porque los creemos iguales, capaces, valiosos para nuestras vidas”. Partir de estas premisas sirve para pensar el tema de la confianza, aun en contextos diferentes, desiguales. Reproducir la escuela en las casas tal como antes de la pandemia equivale a quedar anclados en “métodos” y en una idea meramente institucionalizada. Se hace escuela de otro modo; se hace escuela poniendo énfasis en los vínculos, en los significados, en las experiencias.

Por lo tanto, en estos tiempos es necesario darle sentido a la escuela; una escuela que pueda construir lazos que logren recuperar una nueva mirada del mundo en momentos complejos, porque, como señala Bleichmar (2008): “La escuela es un lugar de recuperación de sueños, no solamente de autoconservación”.

Tiempo

Al comienzo de la cuarentena hubo intenciones de recrear el espacio del aula, de la sala, en relación con los tiempos, la cantidad, los contenidos y la evaluación. Aunque es complejo hacerlo en el momento que estamos transitando, muy poco nos hemos detenido a generar espacios de encuentro más allá del currículum. Espacios para la alojar la incertidumbre, para resignificar los sentidos de educar. Es necesario detenerse, cuestionarse, evaluar y pensar juntos. La emergencia hace que queramos dar respuestas inmediatas, pero educar siempre es después, nunca es ahora. Tal como expresa Carlos Skliar (2017: 21): “Tal vez el principal obstáculo que la idea de detención encuentre en el mundo de hoy es que hemos adoptado, naturalizado, una imagen de tiempo voraz, hambriento, devorador de todo y todos”.

Ahora que las formas ya fueron encontradas, es importante detenernos a darle valor al qué, “tomarnos un tiempo” para repensar nuestras prácticas, para volver a encontrar nuestro rol. Tenemos una oportunidad para redescubrir el carácter emancipador de la educación. Es momento de dejar atrás esas prácticas tan arraigadas que terminan por cuantificar o medir los aprendizajes y no reparan en las experiencias que pueden construirse de manera significativa. Los encuentros entre colegas, los espacios de debate que se están dando en el Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD) o las conferencias de distintos pensadores de la educación, además de los espacios internos de cada institución, son ejemplos de buenas invitaciones para comenzar a hacerlo.

Las flechas que elegimos

En ocasión de una charla en la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR), el filósofo español Fernando Bárcenas utilizó la siguiente metáfora: “Nosotros, los docentes, tiramos flechas todo el tiempo. Algunas impactan; otras quedan en el aire. En algún momento algunas llegan; otras no”.

 ¿Tiramos las suficientes flechas como para que lleguen a todos y a todas? Sería interesante analizar las diferentes variables que debemos tener en cuenta para que todas esas flechas en algún momento lleguen a esos otros y den sus frutos. Cada una de esas flechas requiere, primero, que nos posicionemos. Para eso hay que entender el acto de educar como una profunda acción política donde la toma de decisiones y la manera de entender la realidad incide en nuestras prácticas. Cada una de esas flechas requiere también una planificación responsable que abarque todas las posibilidades, todas las inteligencias. Y requiere, por supuesto, paciencia, espera y tiempo. Este acontecimiento mundial nos obliga a detenernos. Es momento de definir qué queremos transmitir, qué flechas elegimos y por qué, y cómo las orientamos hacia la emancipación de nuestros y nuestras estudiantes.

Bibliografía

Bárcenas, F. (2017). Siempre se aprende junto a alguien. Exposición en la Universidad Nacional de Hurlingham, Buenos Aires. Disponible en: http://www.unahur.edu.ar/es/barcena-siempre-se-aprende-junto-alguien

Bleichmar, S. (2005). Subjetividad en riesgo. Elementos para el rescate. Ponencia. Secretaría de Educación, GCBA.

Dussel, I. (2003). “Jacotot, o el desafío de una escuela de iguales”, en Educ. Soc., Campinas, vol. 24, n° 82, pp. 213-219.

Fattore, N. y Caldo, P. (2011). “Transmisión: una palabra clave para repensar el vínculo pedagogía, política y sociedad”, en VIII Encuentro de Cátedras de Pedagogía de Universidades Nacionales Argentinas, La Plata. Disponible en http://ecpuna.fahce.unlp.edu.ar/

Rancière, J. (2007). El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Buenos Aires: Libros del zorzal.

Skliar, C. (2017). Pedagogías de las diferencias, (Notas, fragmentos, incertidumbres), Buenos Aires: Noveduc.

[1] El presente artículo es una adaptación de un trabajo práctico realizado en el marco de la materia Pedagogía I, a cargo del profesor Gustavo Galli, por los docentes y estudiantes de la Licenciatura en Educación (UNAHUR) Marta Gabriela Galarza, Martín Guilas y Lucía Mastronardi.