La ESI saca la Lengua

La colección “La lupa de la ESI”, dirigida por Graciela Morgade, es un claro acierto editorial del sello rosarino Homo Sapiens. Pero también es un aporte importante a la formación de docentes que responde a la necesidad de contemplar la integralidad que la Ley N° 26150 (2006) exige para la educación sexual en todos niveles educativos formales.

“Generizando” la Lengua y la Literatura desde la cotidianeidad del aula es el cuarto título de la colección y tiene el propósito de acompañar un desarrollo curricular con enfoque de género para el nivel secundario. Tradicionalmente, la educación sexual era considerada (en el mejor de los casos) una incumbencia del área de Biología y, de esta manera, se reforzaba una visión puramente biologicista de la sexualidad. ¿Cómo abordar esta temática desde la Lengua y la Literatura? ¿Cómo hacerlo desde las Prácticas del Lenguaje? El libro en cuestión ensaya algunos acercamientos a estos interrogantes.

Tal como sucede en títulos anteriores de la colección, se observa la decisión de formar equipos autorales que combinen la investigación académica y el saber propio de la práctica docente. Así, a Jesica Baez –doctora en Educación e investigadora posdoctoral del Conicet–, la acompañan Andrés Malizia y Mónica Melo, ambos con trayectoria docente en el nivel secundario. Se produce, en consecuencia, un doble movimiento: la academia se acerca a las escuelas y las escuelas se legitiman como lugares de producción de conocimiento.

“Generizando” la Lengua… se estructura en cuatro capítulos. En el primero, se repasan hitos y aportes provenientes de los movimientos y pedagogías feministas y de los Estudios de Género(s). Luego se realiza un breve repaso del marco normativo curricular en materia de ESI. A continuación, se presentan tres experiencias de inclusión de educación sexual en clases de Lengua y Literatura que tuvieron lugar en escuelas secundarias de gestión pública de la Ciudad de Buenos Aires. Por último, se incluye una entrevista a la docente Mónica Melo en la que lo personal se vuelve pedagógico (y lo pedagógico siempre es político).

El capítulo primero resulta clave para poner en discusión el canon clásico de la literatura, que tiene sucursal en las aulas. En ese sentido, se vuelve fundamental “analizar las condiciones de producción y acceso a la escritura y la lectura para varones y mujeres” (2017: 18), así como destacar aquellas publicaciones pioneras –nacionales e internacionales– que tuvieron a las mujeres como transgresoras protagonistas. De esta manera, se impone la necesidad de llevar a clase a las escritoras que, mayoritariamente, son excluidas del canon. Sin embargo, no se trata simplemente de revisar los contenidos que se enseñan: también habrá que replantear las prácticas e interacciones cotidianas y el lenguaje sexista con el que nos comunicamos frecuentemente. “No se trata de transformar solo el currículum explícito sino también el currículum oculto” (ibíd.: 29), señala el equipo autoral.

En el segundo capítulo, se refuerza la idea de que las prácticas docentes en ESI están avaladas por un marco normativo. La integralidad, en este sentido, cobra una especial relevancia: el abordaje debe incluir, además de los aspectos biológicos, las dimensiones psicológicas, sociales, afectivas y éticas. También se incorporan las posibilidades y límites de los Lineamientos Curriculares de Lengua y Literatura para el nivel secundario y de diversos materiales para el trabajo con la ESI en esta área.

Es probable que el tercer capítulo del libro represente uno de sus aportes más originales, dado que rescata tres experiencias de trabajo con ESI llevadas adelante por docentes de Lengua y Literatura. La primera experiencia compartida consiste en la selección de textos literarios que desarrollen temáticas relacionadas con las sexualidades. En ese caso, se pone en común el trabajo de una docente con la novela Ojos de perro siberiano, de Antonio Santa Ana. A continuación, se comparte el trabajo en el aula con discursos publicitarios y televisivos. El resultado es una reflexión sobre la discriminación y el sexismo presentes en esos discursos, pero también “la inclusión de la propia experiencia como objeto de reflexión” (ibíd.: 73). El último aporte trata de incorporar la ESI a partir de la creación de una escritura propia. La propuesta de escritura –luego de un intenso proceso de lectura– consistió en que los narradores de los textos no coincidiera con el género de sus autores y autoras.

El capítulo final del libro toma a su cargo una cuestión que siempre sobrevuela el trabajo en ESI: las propias concepciones y experiencias de los y las docentes intervienen necesariamente en lo que sucede en el aula. Mónica Melo, en la entrevista que le realiza Andrés Malizia, relata cómo –luego de un largo período de reflexión e intercambio con colegas– decidió contar a sus estudiantes que se había descubierto como lesbiana. Aunque la docente podría no haber mencionado el tema, pensó que su testimonio podía ser de ayuda para estudiantes “que estaban en ese proceso de nómades, descubriendo su propia sexualidad” (ibíd.: 110).

El libro de Baez, Malizia y Melo recuperan las bases políticas, pedagógicas y legales que permiten el trabajo con ESI en las clases de Lengua y Literatura y de Prácticas del Lenguaje. Sin embargo, su aporte más importante es la puesta en común de las experiencias que otras docentes construyeron en las aulas y por las que se vieron personalmente atravesadas.

@AAUNAHUR