Metamorfosis de la sociedad argentina*

Marcelo Cavarozzi, doctor en Ciencia Política e investigador del Conicet, propone un análisis claro y a su vez inacabado sobre los grandes rasgos del sistema político de la Argentina en el período 1955-2006.

En su análisis, el autor pone el eje y la divisoria de aguas en los procesos histórico-políticos de sesgo democrático, semidemocrático y autoritario. Además, registra las principales tramas, relaciones y conflictos de poder en los diferentes períodos abordados.

Autoritarismo y democracia (1955-2006) es una edición revisada del trabajo original de 1985, publicado en pleno retorno de la democracia. En función de ello, caben dos consideraciones:

  • La primera edición analiza el período 1955-1983: de esos 28 años, 19 correspondieron a gobiernos autoritarios y los 9 restantes, a gobiernos semidemocráticos.
  • La edición revisada añade un período de 23 años ininterrumpidos de gobiernos democráticos, elegidos en procesos libres y sin proscripciones. Así, se destaca un período inédito de la vida política argentina. A la fecha de realización de esta reseña, se contabilizan 35 años de democracia plena, al menos en el sentido legal del concepto.

En los prólogos de ambas ediciones se observa el interés por el rol del Estado y por el despliegue del sistema político en cada etapa. No obstante, en la introducción de 2006 irrumpe la preocupación por prácticas políticas que el autor denomina “híbridas”, como el clientelismo y la obsesión de los gobiernos, los partidos o las organizaciones sociales por la centralización del poder. Para Cavarozzi el entrelazamiento entre democratización, destrucción del Estado y rearmado sui generis de la política ha dado lugar a una metamorfosis de la sociedad argentina y, por ende, al lugar que ocupa en ella la política.

El trabajo abarca tres momentos: en el primero, se describe el fracaso de las llamadas semidemocracias (gobiernos de Frondizi e Illia) y sus legados; en el segundo, se aborda la profundización del predominio militar y la vía autoritaria; y, en el tercero, se describen los desafíos del rearmado del sistema político a partir de la reapertura democrática de 1983.

A lo largo de todo el trabajo, Cavarozzi sostiene que existe una metamorfosis de la sociedad argentina en torno a los conceptos de democratización, destrucción del Estado y reconstrucción de la política.

El período 1955/1966 podría ser caracterizado por el desarrollo de gobiernos débiles y semidemocracias que incluían un sistema dual: un bloque peronista y un bloque antiperonista. Paradójicamente este binomio se dio en un marco de exclusión del peronismo de la lucha electoral y la participación democrática. El Decreto-Ley N° 4161 (1956) del gobierno de Aramburu graficó de manera extrema la necesidad del régimen de prohibir la difusión de cualquier tipo de imagen y mención al peronismo. Se trata del primer ejercicio de “desaparición simbólica” por parte de los militares. En la etapa siguiente esa desaparición sería física y real.

Luego de la primera etapa peronista, quedó expresada la antinomia peronismo-antiperonismo y el marcado desfasaje entre los intereses socioeconómicos y los bloques políticos. En ese contexto, el radicalismo intentó inducir al sindicalismo a declinar en sus pretensiones salariales y alejarse de Perón. En respuesta, el sindicalismo se consolidó como un movimiento autónomo con una estrategia defensiva y de clara oposición. De esta manera, configuró un esquema de inclusión de aquellos que había sido despojados de su ciudadanía política. La inclusión de los trabajadores en las negociaciones colectivas permitió la defensa de sus derechos y que los representantes gremiales realizaran demandas de carácter económico, corporativo y político. La idea de un peronismo sin Perón y del no retorno encontró allí un cauce.

Simultáneamente, la propuesta liberal no solo de erradicar al peronismo sino también de reducir el intervencionismo estatal y eliminar a los sectores industriales ineficientes fue ganando terreno. Estas ideas confluyeron con el sector militar y tuvieron su corolario en el modelo propuesto por la dictadura de 1976, a cargo del ministro Martínez de Hoz.

La etapa 1966-1983, según Cavarozzi, es la de los gobiernos fuertes. En ese período, los militares ingresaron definitivamente a la arena política y ejercieron el control del aparato estatal y el gobierno. Ya no se trató del rol tutelar ejercido previamente (1930-1943), sino de conformar cuadros técnicos, profesionales y militares que realizaran un trabajo profesional en el gobierno, con el fin de moldear un nuevo modelo de sociedad: la liberal basada en la seguridad nacional.

A partir de 1966, de la mano de Onganía, el sector militar se propuso, por un lado, la profundización del proceso de militarización de la política y, por otro, reemplazar la política por la “administración”. A partir de ese momento, solo el gobierno haría política y sus objetivos serían erradicar la partidocracia y unificar las fuerzas armadas.

Este proceso encontraría sus propios límites en las consecuencias sociales y económicas que conllevaron la implementación de políticas que se proponían desindustrializar el país y quitar a los trabajadores sus herramientas de representación gremial. La profundización de la dominación social, sumada al clima de época generado por la Revolución Cubana, detonó en una creciente conflictividad social que tuvo en el Cordobazo uno de sus más profundos episodios.

El retorno de Perón pareció ser la válvula de escape a esta crisis y la promesa cierta de un proceso de institucionalización política y de pacto social. Frente al intento de Onganía de abolir la política, Perón se proponía encauzarla institucionalmente. La propuesta del pacto social entre los trabajadores y los empresarios (la CGT y la CGE) y la reconciliación con el radicalismo pronto se vieron opacadas por la muerte de Perón.

A partir de allí, el síndrome de la sociedad desgobernada dio lugar a un gobierno dictatorial que se propuso erradicar la subversión, la sociedad política populista, el Estado tutelar y la sociedad industrial. La idea de la “sociedad en guerra” y la figura de los militares “salvadores” serían el sostén de la implementación de un liberalismo “desde arriba”.

En el plano económico, Cavarozzi sostiene la tesis de que la eclosión no sería responsabilidad de la administración de Martínez de Hoz, sino que los efectos del Rodrigazo ya habían determinado en 1975 el agotamiento definitivo del modelo tradicional de funcionamiento de la economía semicerrada, con elevado nivel de intervención estatal. Sin embargo, fueron la crisis social, la crisis financiera expresada en el crecimiento exponencial de la deuda externa, la licuación de la deuda privada y la sensación del ajuste caótico, sumadas a la guerra de Malvinas, las que cerraron el capítulo militar y dieron lugar al advenimiento del proceso democrático.

En el último período (1983-2006), que Cavarozzi concibe como de rearmado de la política argentina, se plantea la metamorfosis que realizó la sociedad argentina y el sitio que la política ocupa en ella.

Tiene lugar entonces la primera elección libre desde 1946, con participación de todos los partidos políticos. El juicio a las juntas militares y la esperanza democrática fueron los hechos que marcaron al gobierno de Raúl Alfonsín. La crisis económica y la hiperinflación dieron por tierra con un proceso que en sus primeros enunciados tuvo la pretensión de conformar el tercer movimiento histórico.

La salida política quedó en manos de un gobierno que, en la figura de Menem, expresó lo que Cavarozzi denomina la “torsión neoliberal del peronismo”. Este proceso se llevó adelante en un marco de privatizaciones y achicamiento del Estado, inspirado en los cambios en el capitalismo global encabezados por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. El menemismo dejó la política en segundo plano y tuvo en la convertibilidad la idea fuerza que modeló todo el período, con un esquema de redistribución hacia arriba y despojo hacia abajo. Al achicamiento del Estado, le sumó la desciudadanización a través de la pérdida del empleo y la crisis de la educación pública.

A partir de 1999 el gobierno de la Alianza no pudo encauzar la crisis de agotamiento del esquema de la convertibilidad, aunque quizás no quepa exculparlos de las consecuencias de la crisis social y política desencadenada a fines de 2001, que dejó a la sociedad frente al espejo de la autodestrucción y la desintegración. Finalmente, fue la política la que pudo recomponer el entramado social. Eduardo Duhalde constituyó en el marco de una democracia fatta in casa una mesa de tres patas con la Liga de Gobernadores, el Parlamento y el alfonsinismo.

Por último, el análisis de la etapa inicial del kirchnerismo destaca la herencia recibida del duhaldismo –el encauzamiento de la política económica en la gestión de Roberto Lavagna y la conformación de la red de protección social de los sectores más empobrecidos por la crisis– y el cambio de perspectiva ideológica que llevó a Néstor Kirchner a reformar la Corte Suprema –la de la llamada “mayoría automática”–, profundizar la política de derechos humanos e impulsar los juicios a los culpables de delitos de lesa humanidad.

Una preocupación y un debate constante recorren el libro. Por un lado, la disputa y el modo en que la sociedad argentina intentó –y continúa intentando– darse un funcionamiento que, más allá de los esquemas institucionales, pueda condensar estructuras más justas e igualitarias. Por el otro, la puja entre el desarrollo de una matriz estado-céntrica con un Estado a su vez débil y opaco y la pretensión de conformar un sistema de partidos que por momentos ha sido obstáculo y otras tantas veces vehículo para las trasformaciones sociales. Para el autor, los años noventa significaron el fin del modelo basado en un Estado sólido y activo en las relaciones sociales y políticas: se dio paso al predominio del mercado y la liberalización de las fuerzas productivas.

Autoritarismo y democracia constituye una lectura esencial para comprender el desafío que enfrenta hoy la sociedad argentina con relación al armado de un sistema político e institucional que permita construir una sociedad igualitaria y con derechos ciudadanos.

* Reseñado por Pablo Urquiza. Asistente social y director del Instituto de Educación de UNAHUR. Es docente de la asignatura Educación y Proyecto Nacional y secretario general del Sindicato de Docentes de UNAHUR (SUDHUR).