Optimizar el tiempo de la clase

Ángeles Cardoso tiene 28 años, vive en Villa Bosch (partido de Tres de Febrero) y, desde 2017, es estudiante de la carrera de Kinesiología y Fisiatría de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR). La estudiante ya había cursado estudios superiores: se recibió de profesora de Educación Física en un instituto privado y tuvo un breve paso por la Universidad Nacional de La Matanza.

Un amigo me contó que habían abierto la carrera de Kinesiología en la UNAHUR y me inscribí. La verdad es que la universidad me queda bastante cerca y, cuando una también trabaja, es un factor importante”, cuenta Cardoso. La estudiante trabaja como profesora de Educación Física en un gimnasio y como ayudante docente en el mismo instituto privado en el que se graduó. Todavía no da clases en los niveles obligatorios del sistema educativo.

A mediados de 2018, Cardoso pasó a ser algo más que una estudiante de la UNAHUR: se convirtió en alumna asistente de la materia Evaluaciones kinefisiátricas. “Se abrió el concurso cuando estaba terminando la cursada –relata–. Éramos relativamente pocos los que íbamos a poder concursar, porque es una materia de segundo año y había que tenerla cursada y aprobada”. Y agrega: “Decidí concursar porque la materia me encantó. Sentí que era la primera vez que se englobaban muchos otros contenidos (de anatomía, fisiología, neurología)”.

Cardoso recuerda que antes de presentarse al concurso participó de una charla en la que recibió información y le explicaron que debía presentar un proyecto: “Se trata de una consigna bastante libre. La idea era que el proyecto reflejara qué haríamos o mejoraríamos de la materia para la que concursábamos”. El eje de la propuesta de la estudiante fue la economización del tiempo (un recurso particularmente escaso para quienes trabajan y estudian): “Sentía que éramos muchos alumnos con una sola docente en una materia que es teórico-práctica. Entonces, la realización de las prácticas demandaba mucho tiempo. Por ejemplo, para evaluar la práctica, la docente tardaba dos clases enteras y tenía que quedarse evaluando después de hora”. La hipótesis de Cardoso fue que, si se contaba con una alumna asistente, las clases podrían transcurrir de manera más fluida.

“La comisión que me fue asignada –comenta la estudiante– está a cargo de una docente nueva en la institución y tuve que familiarizarme con cómo daba la clase. Tuvimos que conocernos y, por suerte, por ese lado todo funcionó bien”. Además, Cardoso se encontró ante un desafío importante: “Me pidieron que preparara una clase completa, con una presentación de PowerPoint como soporte. Pude dar la clase en dos comisiones y la experiencia me gustó mucho. Fue todo un descubrimiento. La profesora siempre me dio espacio para sumar o acotar en la clase. Por ese lado, me sentí muy libre”.

La mediación entre docente y pares también fue algo novedoso. Muchas de las preguntas que reciben los alumnos asistentes, según Cardoso, están vinculadas con las condiciones de cursada y la evaluación. “Solamente –dice–conocía a uno o dos de los estudiantes entre los casi sesenta que comenzaron a cursar la materia. Conocí a mucha gente nueva que también empecé a cruzarme por los pasillos. Eso también va a permitirme formar grupos de estudio con gente que de otra manera quizá no hubiese conocido”.

La estudiante también valora que el cargo de alumno asistente sea remunerado: “Necesito trabajar como todos y esa factor también pesó. Además, como en mi trabajo soy monotributista, al estar contratada en blanco por la UNAHUR pasé a tener obra social y me hacen los aportes previsionales. Eso bajó mucho el monto que pago de monotributo. No son detalles”. El cargo de alumno asistente de la  UNAHUR se extiende por un año: “Tengo que pensar si voy a volver a concursar, porque también es bueno tener tiempo para cursar más materias. Es algo que vengo analizando”, concluye Cardoso.

@AAUNAHUR