Una matemática que se hace en el aula

Un cuarto encuentro del seminario de formación de equipos directivos se llevó a cabo el 12 de septiembre en la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR). Con la coordinación de la Mg. Graciela Chemello y de la Prof. Sara Elizondo, esta vez se trató el problema de la conducción de la enseñanza matemática y de la articulación entre nivel primario y secundario.

La presentación de este cuarto encuentro estuvo a cargo del Lic. Gabriel Brener. “Las universidades –introdujo– tenemos que aprender a escuchar mucho más a la comunidad”. Luego señaló que la pregunta organizadora del evento fue: ¿qué necesita un directivo para mejorar la enseñanza de la matemática? El seminario anterior, realizado el 29 de agosto y coordinado por la Lic. Mariana Lavari, había estado dedicado a la Educación Sexual Integral en la escuela secundaria.

“Nos parece central incluir a todas y todos los estudiantes y salir de una lógica de la transición de un nivel a otro que deja a fuera a muchos. Hay que lograr que los chicos y las chicas dejen de pensar que no son buenos para la matemática. Todos y todas pueden aprender la matemática básica”, señaló Chemello. Luego agregó que era necesario contemplar qué formación matemática necesita un ciudadano al finalizar la escolarización obligatoria. Esto es, no puede pensarse la formación sin tener en cuenta con qué necesidades matemáticas va a encontrarse una persona a lo largo de su vida adulta.

De acuerdo con la especialista, hace tiempo que desde la didáctica de la matemática se advierte que la formación se mantuvo aislada de las situaciones de uso. Por eso, sostuvo: “Los y las alumnas tienen que aprender a hacer matemática y no solo las propiedades teóricas”. Para ello, resulta esencial que el aula se convierta en un espacio para resolución de problemas que permitan la construcción de pensamiento nuevo y constituyan un desafío intelectual para quienes están aprendiendo. Esto habilitaría, progresivamente, un uso autónomo de los conocimientos. Sin embargo, Chemello aclaró que hay otro tipo de problemas que también resultan estimulantes aunque no generen nuevo pensamiento: se trata de aquellos en los que se aplican saberes ya adquiridos para resolver situaciones vinculadas a la vida en sociedad.

Chemello también observó que no alcanza con llevar problemas interesantes al aula si, al mismo tiempo, no se genera un ambiente de confianza: “Todos y todas deben sentir que pueden aprender y que pueden poner en juego tanto lo que saben como lo que no saben”. El aprendizaje de la matemática, añadió la especialista, es mucho más sencillo si los contenidos y las actividades propuestas tienen sentido para el estudiantado. El desafío para los equipos directivos, entonces, es avanzar en el desarrollo de las competencias de los docentes tanto como de los alumnos.

Luego de una primera parte expositiva, el encuentro prosiguió con la modalidad de taller. Quienes participaron del seminario se reunieron en parejas y se dedicaron a analizar y resolver dos situaciones problemáticas vinculadas con la contaminación del río Reconquista. El primero de los problemas apuntaba generar soluciones a la deshidratación por problemas gastrointestinales provocados por el consumo de agua contaminada; mientras que el segundo proponía desafíos dirigidos a la potabilización del agua. Luego, el trabajo en parejas fue puesto en común.

Un segundo encuentro sobre la conducción de la enseñanza matemática y la articulación entre nivel primario y secundario está pautado para el próximo 3 de octubre.

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