Una pedagogía anclada en el paisaje*     

          

La Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) está ubicada geoculturalmente: no da lo mismo formar docentes para trabajar en el conurbano o en la provincia de Buenos Aires, que para desarrollar tareas en otros espacios y en otras culturas.

La inserción de la Universidad pública no es solo territorial (se puede estar en un lugar determinado geográficamente pero no tener preocupaciones significativas con lo que sucede alrededor); la inserción es cultural y política: trabajamos con las preocupaciones y con las expectativas de quienes viven en el entorno de nuestra Universidad, un distrito del segundo cordón del Gran Buenos Aires. A través de distintas asignaturas y espacios de integración nos proponemos brindar una formación integral (teórica y práctica), vinculada al contexto local, regional y global, comprometida socialmente y con una mirada política, crítica y reflexiva.

En este sentido, el abordaje de la perspectiva de Rodolfo Kusch –y otros pensadores latinoamericanos– junto con estudiantes de la UNAHUR parece de vital importancia para construir un armazón geopolítico que nos permita leer desde el sur e “inventar” una epistemología desde el sur.

En la UNAHUR se destacan cuatros asignaturas de sus profesorados que ponen el foco en promover, como señala Alcira Argumedo (1993), una matriz autónoma de pensamiento popular latinoamericano: Educación y Proyecto Nacional, Pensamiento Pedagógico Latinoamericano, Filosofía de la Educación y Culturas Juveniles.

En estas coordenadas, nos parece necesario que los y las estudiantes se crucen, durante su trayecto universitario, con lecturas que les permitan comprender con más amplitud las tradiciones intelectuales, luchas y encrucijadas que surcan nuestra América profunda. Al mismo tiempo, nos interesa que se indague en la vinculación entre proyectos políticos y proyectos educativos, explorando e iluminando de otro modo los distintos paradigmas, tradiciones, matrices, epistemes, programas de investigación y corrientes que vehiculizan los discursos pedagógicos y la función social de la educación. Como plantea Catherine Walsh (2007), aún sigue vigente una geopolítica del conocimiento que queremos poner en tensión y deconstruir con nuestros y nuestras estudiantes. Eduardo Galeano expresa esta búsqueda con meridiana claridad:

“Hasta el mapa miente. Aprendemos la geografía del mundo en un mapa que no muestra el mundo tal cual es, sino tal como sus dueños mandan que sea. En el planisferio tradicional, el que se usa en las escuelas y en todas partes, el Ecuador no está en el centro, el norte ocupa dos tercios y el sur, uno. América Latina abarca en el mapamundi menos espacio que Europa y mucho menos que la suma de EE.UU. y Canadá, cuando en realidad América Latina es dos veces más grande que Europa y bastante mayor que EE.UU. y Canadá. El mapa que nos achica simboliza todo lo demás. Geografía robada, economía saqueada, historia falsificada….”[1].

Debemos contar con herramientas analíticas pertinentes que nos permitan pensar y pensarnos desde nuestra América.

Esta cita, aunque extensa, da cuenta de que debemos contar con herramientas analíticas pertinentes que nos permitan pensar y pensarnos desde nuestra América. Procuramos, entonces, asignar a la educación un lugar destacado en la emancipación latinoamericana y consideramos necesario que los estudiantes de profesorados universitarios puedan tener una ciudadanía más robusta, una educación político-pedagógica que permita construir un “nosotros latinoamericano”. “Inventamos o erramos”, la frase de Simón Rodríguez, adquiere una vigencia simbólica fundamental en la encrucijada que atraviesa América Latina.

Uno de los textos de Kusch que trabajamos con estudiantes de los profesorados universitarios se encuentra en el libro De Dioses, Indios y porteños (1966). En el apartado “Un maestro a orillas del Titicaca”, el autor cuenta cómo un grupo de investigación de Buenos Aires se encuentra en el altiplano con un maestro rural y le propone realizar un test educativo. Conviene tener presente que los test educativos son exámenes estandarizados que procuran medir las fortalezas y debilidades de los estudiantes. Kusch nos cuenta que el maestro rural se muestra reticente a evaluar a sus estudiantes recurriendo a este tipo de exámenes y se sonríe ante la insistencia del grupo de especialistas, que confía plenamente en este tipo de pruebas. Queremos detenernos un momento en esta escena. ¿Cuáles son las pistas que nos sugiere Kusch para comprender la actitud del maestro rural del Titicaca?

Nos parece interesante puntualizar que ese examen estandarizado ha sido confeccionado por un grupo de técnicos que saben muy poco sobre habitar el lago Titicaca. En este sentido, el test viene a medir y evaluar desde una mirada pulcra y civilizadora que casi siempre parte de las carencias de los y las estudiantes. Desde esta perspectiva hegemónica, el test contiene una mirada educativa que no enfatiza que lo importante sea habitar y estar en el territorio. En cambio, da por hecho un imperativo fuertemente arraigado en nuestro imaginario: la necesidad de ser alguien en la vida. Nos atrevemos a pensar que el test educativo, en estas coordenadas de pulcritud, se propone evaluar si los y las estudiantes están en el sendero del ser para el desarrollo, la competitividad y el mercado, sustentado en el merito y en el esfuerzo.

Explica Kusch (1966):

El lago es un símbolo para los bolivianos, lo mismo que la Pampa lo es para nosotros los argentinos. ¿Símbolos de qué? Pues de la parte más profunda de nuestra alma y precisamente de algo inconfesable. Si algún día dijéramos lo que llevamos muy adentro del alma, eso mismo sería tan tremendo como el lago o como la pampa. Lago y pampa son la base. Si nos sacaran de esa base, nos sentiríamos como astronautas que han perdido la gravedad, ya no habría ni arriba ni abajo: seríamos una simple máquina que flota en el espacio”.

En otras palabras, Kusch considera que la pedagogía comienza por el suelo, con los modos en que habitamos el paisaje e inscribimos nuestra propia vida. Nuestra Universidad está ubicada geoculturalmente en el oeste del conurbano bonaerense y, en este sentido, nos interesa pensar, como diría Kusch (2007), sin miedo al peso del suelo y con los hedores propios de la calle Origone y la Avenida Vergara, enclaves territoriales de la UNAHUR.

Kusch considera que la pedagogía comienza por el suelo, con los modos en que habitamos el paisaje e inscribimos nuestra propia vida.

Kusch nos ayuda a pensar e interpelarnos sobre los profesorados universitarios de reciente formación. La educación ha sido pensada siempre con una mirada pulcra, atenta a medir si los estudiantes están entrando o no al mundo “civilizado”. Esa matriz hegemónica que viaja en nuestras mochilas y maletines pedagógicos está encarnada en frases como “voy a estudiar para ser alguien”, que implican dejar de ser lo que somos e incorporarnos al mundo de la pulcritud. Abandonar el hedor y entrar en la pulcritud parece ser un eje que esta encriptado en los imaginarios colectivos. En otros términos, se parte de una carencia que debe ser saldada, en la que no hay que quedarse ni dejarse estar. Desde esta perspectiva, la educación está vinculada con la meritocracia y, a pesar del conjunto de medidas tomadas por la pulcritud, el sujeto latinoamericano se resiste una y otra vez a entrar en el sueño occidental.

Probablemente, y hasta cierto punto, la obsesión por medir de la cultura occidental y la entronización del test que aparecen en “Un maestro a orillas del Titicaca” no tienen en cuenta el territorio, ni las historias afectivas, ni las experiencias de los estudiantes. Si estos factores no son considerados, la Universidad no puede ser un lugar donde reconocernos. “Para ser hay que estar, un estar siendo”, propone Kusch (2007).

Luego de la lectura de este autor, una estudiante del Profesorado Universitario en Educación Física se preguntaba: “¿Podría pensarse una educación que no tuviera en cuenta el lago o lo pensara como algo secundario? ¿Seríamos buenos profesores si devaluáramos –por decirlo de algún modo– el barrio, las historias y experiencias de quienes lo habitan?”

Se trata, entonces, de poner en tensión los procesos de racionalización europea que buscan construir un sujeto desarraigado y sin historia. Esta lógica, que expresan frases como “ser alguien en la vida”, es desenmascarada por la perspectiva kuscheana, que nos propone “el estar” como arraigo, como identidad, como una pedagogía anclada en el paisaje.

Nos parece relevante que los estudiantes de los profesorados universitarios se sumerjan en los relatos de América y se sientan parte de sus saberes tenebrosos, que muchas veces no son tenidos en cuenta por las miradas de la pulcritud. En un recorrido que recién se inicia, los estudiantes han puesto en diálogo a Kusch con otros pedagogos latinoamericanos, han creado lazos y conversaciones que pueden hacer emerger una pedagogía nuestramericana.

Bibliografía

– Argumedo, A. (1993). Los Silencios y las voces en América Latina. Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.

– Kusch, R. (1966). “Un maestro a orillas del Titicaca”, en De Dioses, Indios y porteños, Buenos Aires: Stilcograf.

– Kusch, R. (2007). “Geocultura y desarrollismo” y “La cultura como identidad”, en Geocultura del hombre americano, Obras Completas, Tomo III, Rosario: Fundación A. Ross.

– Lander, E. (2000). “Ciencias Sociales: saberes coloniales y eurocéntricos”, en Lander, E. (comp.), en La colonialidad del saber: eurocentrismo y Ciencias Sociales, Buenos Aires: Clacso.

– Walsh, C. (2007), “Interculturalidad, colonialidad y educación”, en Revista Educación y Pedagogía, vol. XIX, n° 48, Medellín, pp. 25-35.

Notas

[*] Por Pablo Urquiza y Raúl Egitto. Este texto está basado en un trabajo presentado en noviembre de 2018 en las VII Jornadas “El Pensamiento de Rodolfo Kusch”. Urquiza es asistente social y director del Instituto de Educación de la UNAHUR. Es docente de la asignatura Educación y Proyecto Nacional y secretario general del Sindicato de Docentes de la UNAHUR (SUDHUR). Egitto es licenciado en Historia, profesor de Problemas de Historia Argentina en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y profesor de Pensamiento Pedagógico Latinoamericano y de Educación y Proyecto Nacional en la UNAHUR.

[1] Citado por Lander, Edgardo (2000). “Ciencias Sociales: saberes coloniales y eurocéntricos”, en Lander, E. (comp.). La colonialidad del saber: eurocentrismo y Ciencias Sociales, Buenos Aires: Clacso.