La Escuela Preuniversitaria de Formación Profesional de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) se puso en marcha el pasado 18 de abril. “No podemos tener una escuela a la que los pibes y las pibas no quieran venir”, afirma su director Adrián Di Lizio. Sus 26 estudiantes ya realizaron un primer viaje a Embalse entre el 3 y el 10 de julio.

La flamante escuela está pensada para adolescentes de entre 15 y 18 años que, por cualquier razón, hayan interrumpido su trayecto formativo por un tiempo considerable. Se trata de una institución de puertas abiertas: el ingreso es posible en cualquier momento del año. “Es una nueva modalidad de escuela secundaria –explica Di Lizio–. Está bajo la órbita del Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) y otorga el título secundario con tres niveles de formación profesional en el trayecto. Nuestra orientación es en Programación Web”.

El nuevo proyecto de la UNAHUR forma parte de un plan de creación de cien escuelas de estas características, que se lanzó en febrero en Tecnópolis. En una segunda etapa, se espera que lleguen a funcionar 500 de estas escuelas. Esta política educativa apunta a resolver el problema histórico del abandono de los estudios de nivel medio (agravado por la pandemia) y a construir una propuesta atractiva para aquellos y aquellas jóvenes que vieron su escolaridad interrumpida.    

El régimen de la Escuela Preuniversitaria de Formación Profesional de la UNAHUR, cuenta Di Lizio, se asemeja más al de una universidad. Se trabaja en proyectos que buscan integra saberes y no hay repitencia. “Tenemos un plan de estudios de cuatro años. En primer año, ya tenemos un nivel de formación profesional: Gestor Web. En tercer año, hay un segundo nivel con una otra certificación laboral: Programador Web. Y en cuarto año, se obtiene la certificación de Administrador Web”. La institución también permite que sus estudiantes acrediten saberes obtenidos en la escuela o en otros ámbitos de formación.

La currícula, además de contar los tres niveles de formación profesional mencionados, incluye Lengua y Literatura, Matemática, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. “Tienen bastantes horas de Inglés, porque para la formación profesional es importante el inglés técnico”, agrega el director de la escuela.  

Desde las primeras semanas de funcionamiento, esta institución organiza una salida por semana. En ese marco, se inscribe el viaje realizado a Embalse, provincia de Córdoba. Dice Di Lizio: “Tanto este viaje como las salidas están ligados al objetivo de asentar la escuela sobre la creación vínculos. Debemos fundarnos sobre un trabajo de vincularidad, de confianza, de pertenencia, de recuperación del respeto. Hay que hacer un gran trabajo de construcción de pertenencia, porque si no, mañana, los pibes y las pibas no vienen”.  

Veinticinco de los veinteséis estudiantes conocieron Embalse. Solo faltó una de las chicas que recientemente fue madre. El viaje se organizó como parte del Programa Nacional de turismo Educativo, apoyado en un convenio entre el Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Turismo de la Nación. “Es un programa que cuenta con talleristas y actividades. Hubo un taller de murga y otro taller literario. También hicimos nuestro propio asado”, relata el director.

Fidel Recalde (18) y Uriel López (16) hace aproximadamente un mes que estudian en esta nueva escuela. El primero vive en Bella Vista; el segundo, en Hurlingham. “Estuve un tiempo sin ir a la escuela. Tuve problemas familiares y no alcanzaba la plata para comprar útiles. Me la tuve que rebuscar haciendo peluquería”, cuenta Recalde. Y añade: “Tuve el placer de conocer a una compañera que se llama Delfina, que me recomendó esta universidad. Para mí, este lugar es lo más. No es como otros colegios”. En la misma línea, López asegura: “En este colegio podés abrirte, hablar con los profesores. Eso no me paso en otros colegios”.

Los estudiantes consideran que el viaje a Embalse fue fundamental para que se afianzara el grupo. “Al principio, no me adaptaba. A veces sentía ganas de estar solo. Pero después, con el pasar de los días, pude charlar con todos y ganar confianza. Antes era re cerrado. Capaz que hablaba solo con una persona”, dice Recalde. “Yo tampoco hablaba con casi nadie. Este viaje nos unió”, coincide López.

“Me gustó ir a la montaña. Mojar los pies en el río. Había mucha paz y se despejó mi mente. Pero lo mejor es que hice el asado para todos y pude compartir algo que sé hacer”, recuerda Recalde”.

@AAUNAHUR